Un fragmento de Crónicas de Sombras. Los condenados

Hoy os dejo un fragmento de la introducción de Crónicas de Sombras. Los condenados, que se publica esta primavera de la mano de Alberto Santos Editor. Durante los siguientes días os dejaré más trozos de la introducción y el primer capítulo.

Espero que os guste.

Crónicas 2

Introducción

Había llegado el momento. Ya no podía aguantar más.
Krista estaba más que cansada de vivir al otro lado, aunque realmente lo que más le atormentaba era la presencia de Eleazar y sus malas maneras. Había aguantado muchos años y era el momento de escapar.
El guersom había salido de copas con unos amigos hacías unas horas y aún tardaría en regresar. Era ahora o nunca. Aún le dolía la cara tras la última bofetada y sus brazos lucían varios moratones.
No obstante, no iba a ser fácil escapar de la guardia de su padre. Tendría que salir de la vivienda por el sótano. Sólo esperaba que los hombres de Eleazar la dejasen estar a solas unos minutos.

Como cada día, Briseida volvía a visitar el otro lado. Iba cubierta con una capa y manejaba su espada con gran maestría. Desde hacía tiempo había tomado por costumbre allanar los terrenos de sus enemigos, acabar con ellos y liberar a todos sus presos.
Y hoy era un día más.
Afortunadamente para ella y gracias a que siempre estaba de viaje, había sido capaz de ocultar a su familia lo que hacía. Llevaba varios días en Los Ángeles y hoy se había armado de valor para visitar el otro lado desde su visita en la gran ciudad.
Tras inspeccionar la playa, donde encontró a algunos de sus enemigos, los siguió hasta una casa muy bien protegida. Sin duda debían de ocultar algo, además de prisioneros.
Presurosa, avanzó hacia la vivienda. Tres guersom custodiaban la puerta. Eran demasiados. No podía enfrentarse a ellos sin arriesgarse a ser herida. Quizás allanar Los Ángeles no fuera buena idea y resultara mejor centrarse en pequeñas ciudades, como había hecho hasta ahora, donde como mucho se había encontrado algún guersom o un par de travsom jugando a ser mayores.
Y aunque odiaba rendirse, su vida era lo primero. Quizás más adelante podría descubrir qué ocultaba esa mansión. Sin embargo, cierto movimiento, no muy lejos de ella, captó su atención. No llegó a verlo con claridad, sólo acertó a distinguir que era un joven que iba armado con una espada mágica, como la de ella, la cual no estaba formada por metal, sino por energía pura tan fuerte como el diamante. Mientras que la de Briseida era azul, la del joven desprendía haces de luces verdes.
El desconocido no dudó, como hizo Briseida, sino que fue derecho a enfrentarse a los tres guersom. La muchacha decidió ayudarlo.

Tal como Krista se había imaginado, el pasillo estaba custodiado por varios guerreros. Por este motivo, no tuvo que cambiar de planes y fue a la habitación de su padre. Llamó y al no recibir respuesta, entró. Tal como suponía, no estaba; el rey era un hombre muy ocupado, pero su ausencia beneficiaba a la princesa.
Iba a huir, no sabía adónde, pero esperaba que nunca la encontrasen y necesitaba medios para ello. Presurosa, tomó asiento frente al escritorio de su progenitor y se introdujo en sus cuentas bancarias. Afortunadamente para ella, los reyes habían innovado con los tiempos y ya no guardaban sus fortunas en cajas acorazadas, sino que utilizaban los medios más comunes. Tras desembolsar una gran cantidad de dinero en una cuenta a su nueva identidad, regresó al pasillo.
Sin agachar la cabeza, fue derecha hacia los guerreros.
—Voy al sótano, a visitar a los prisioneros. Y no quiero que ninguno me acompañéis. Hace mucho que no pruebo mis habilidades con cazadores o hechiceros y temo perder agilidad.
—¡Como gustéis, mi señora!
Krista no tenía ninguna intención de enfrentarse a los pobres cazadores y hechiceros que para su mala fortuna habían sido capturados. Sin embargo, debía fingir que ésa era su intención.
Presurosa, bajó las escaleras hasta llegar a la entrada del sótano. No miró atrás, pero sintió la mirada fija de los guardias en la nuca. Sabía que tanto el rey como Eleazar les habían ordenado que la vigilasen, pero ninguno de los dos sabía que en esta ocasión haría lo que fuera por salir de su control. Ya fuera alcanzando su libertad o logrando el final de su tortura con la muerte.
Decidida, bajó las escaleras.
El sótano era muy amplio; paredes de ladrillo rojo lo decoraban, además de grilletes en las paredes. No le sorprendió encontrar a un joven esposado a la pared.
Sus ojos negros se posaron en ella y no hubo intercambio de palabras. Krista caminó hacia el final de la estancia, hacia una ventana con salida a un pequeño bosquecillo: su lugar de huida. Sin embargo, una vez levantó el cristal, escuchó bastante jaleo alrededor.
¡Estaban siendo atacados!
—Te propongo un trato —dijo la princesa dirigiéndose por primera vez al desconocido—. Yo te ayudo a salir de aquí si tú me ayudas a desaparecer de este lugar para siempre.
—¿Qué te hace pensar que quiero escapar? —inquirió el muchacho.
—¿Eres prisionero por propia voluntad? —preguntó Krista extrañada, aunque no permitió que el joven respondiera. Sus manos refulgieron pequeños rayos de color azul y como dos látigos llameantes cortaron las ataduras del prisionero—. Nadie que esté aquí por propia voluntad permanece atado. ¡Muévete! —ordenó la princesa—. Aprovecharemos todo este alboroto para escapar.
—Créeme, no hay nada que me gustaría más —respondió frotándose las muñecas—. Pero mi destino está unido a las sombras. Si escapo, mi familia lo pagará muy caro.
Krista lanzó un amargo suspiro. No conocía la vida del joven, pero imaginaba que si no podía escapar era por algún tipo de pacto. Quizá ambos podían beneficiarse de ello.
—¿Cómo te llamas?
—¡Adrien!
—Escucha, Adrien, soy una sombra, aunque imagino que eso ya lo has deducido. Necesito desaparecer y no me bastará con escapar. Eso lo he hecho incontables ocasiones y nunca ha funcionado. ¡Necesito que me ayudes a fingir mi propia muerte! Ambos fingiremos estar muertos y seremos libres.
Adrien tendió la mano a la princesa y aceptó el trato.

Briseida no intercambió palabra con el desconocido. Ni siquiera se miraron a los ojos o pudieron apreciar con claridad sus rasgos debido a la oscuridad, pero ambos sabían que luchaban por la misma causa. Y con las espaldas pegadas el uno al otro acabaron con todos los guersom sin ninguna complicación.
—¿Dónde vas? —preguntó la chica cuando el joven evitó la puerta de entrada y comenzó a rodear la vivienda—. Dentro habrá muchos más.
—Lo siento, pero hoy mi batalla no va contra esas cosas. He venido a liberar a mi hermano y bien puedes acompañarme o enfrentarte sola a los hombres del rey. Los dos sabemos que nuestra pequeña batalla no tardará en alarmarlos y enviarán a guerreros más poderosos.
La joven chasqueó la lengua molesta, pero siguió al desconocido. Muy a su pesar tenía razón. Cual fue la sorpresa de ambos cuando al llegar a la zona trasera de la vivienda encontraron a una pareja saliendo del sótano.
—¡Apártate de él, maldita sombra! —gritó el joven blandiendo su espada y señalando con ella a Krista—. Adrien, apártate de ella. He venido a rescatarte.
—No le hagas daño, ¡la necesito!
Briseida no entendía nada. Le hubiera gustado ver el rostro del joven con el que había compartido lucha, pero la capucha de la sudadera le cubría, impidiendo que le pusiera rostro al desconocido. Todo lo contrario a aquel que recibía el nombre de Adrien. Era alto, esbelto y muy fuerte. Nunca había visto unos ojos tan negros como los suyos, los cuales le provocaban escalofríos. El cabello también era oscuro y lo llevaba corto.
—¡Es una sombra! —gritó el desconocido—. Debemos librarnos de todas ellas.
Tanto Adrien como el muchacho se alejaron para hablar a solas y Briseida intercambió una mirada con Krista. La princesa jadeaba debido a los destellos que emitía su espada y puede que fueran los moratones que vio asomar en algunas zonas de su cuerpo o la mirada melancólica con la que le examinaba, pero sintió pena por ella e hizo desaparecer su arma con sólo desearlo. La gran espada que hacía un instante llevaba la hechicera, se trasformó en un cristal azul anudado a una cadena plateada que la chica envolvió alrededor de su muñeca derecha.
—Confío en no arrepentirme de mi decisión.
—Muchas gracias, te estaré eternamente agradecida —respondió Krista.
—Muy a mi pesar he descubierto que no todas las sombras sois seres horripilantes —respondió a la defensiva, a la vez que se cruzaba de brazos.
No obstante el momento de calma llegó a su fin cuando tres guerreros más corrieron en pos a la princesa.
—¡Largaos! —ordenó el joven—. Los entretendré el tiempo suficiente. La vida de mi hermano está en tus manos —añadió en dirección a Krista—. Los distraeré pero llevad a cabo el plan. ¡Os dejo la vida de Adrien en manos de las dos! Sombra y hechicera, cuidadlo —Briseida asintió y se juró que nunca olvidaría el fulgor dorado que emitieron los ojos del muchacho, los cuales llegó a atisbar en la oscuridad.
Las chicas asintieron, aunque Briseida no tenía mucha idea de lo que estaba sucediendo. Corrieron en dirección a Adrien y durante la corta carrera que les llevó alcanzar un llano, la princesa puso al día a Briseida. ¡Iban a fingir la muerte de ambos y la iban a necesitar a ella!
—¿Podrás hacerlo? —preguntó Adrien a Briseida, que permanecía escondida tras un matorral—. Cuando los dos nos enfrentemos, cuando nuestras energías se estrellen, conjura a la visión. Crea una alucinación. Nuestros cuerpos han de parecer muertos en el suelo. Unos segundos después, tendrás que convertirlos en cenizas, ¿de acuerdo? —Hizo una breve pausa, el tiempo suficiente para que Briseida comprendiera el conjuro—. Después de eso deberás engañar a nuestros enemigos, tendrás que volvernos a todos invisibles para que podamos escapar. Yo te echaré una mano.
—Estaré lista, puedes confiar en mí.
—Hechicera, dejo mi vida en tus manos y en la de la sombra. No hagas que me arrepienta de la decisión que he tomado…, es cierto que era esclavo de las sombras, pero al menos podía seguir con vida…

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s