Esperanza y fuerza ©Lucía González Lavado

Esperanza y fuerza ha sido el relato que leí el viernes en la gala de los Premios Grada. Os lo dejo para que lo leáis y más tarde escribiré la crónica del acto.

Esperanza y fuerza
©Lucía González Lavado

¿Cuántas veces nos hemos dicho? ¡Esta mañana no debería haberme levantado!
Todos hemos tenido un mal día; momentos que nos gustaría borrar de nuestra memoria. Pero a pesar de las dificultades, de nuestro bajo estado de ánimo, siempre tenemos la esperanza de que algo ocurrirá; algo que consiga que todo mejore, e incluso… por qué negarlo, que haga desaparecer lo acontecido.
Sé lo que estáis pensando: ¡magia!
Y en efecto, soy mágica. No soy un fantasma, ni un alma errante. Soy…, bueno… es difícil definir. A mí me gusta denominarme como: ¡Esperanza!
Soy la esperanza que ayuda a las personas en los momentos de desanimo y la fuerza que crece en su interior para enfrentarse a situaciones difíciles.
Hoy vuelo por unas tierras pobladas de olivos, viñedos, parajes bellos, zonas donde el cerezo crece como nunca lo he visto y terrenos que esconde secretos. Esculturas bellas, monasterios llenos de enigmas y personajes ilustres. Un terreno desconocido para muchos y sobre el que hoy verteré mi magia.
Llaman a esta tierra: Extremadura, y vuelo por sus parajes, en busca del desanimo de las personas, para tender mi mano y darles fuerzas.
¿Cómo lo haré? No parpadeéis ni un instante. Os mostraré un espectáculo difícil de olvidar.

Zu, una chica de 25 años, había tenido el día más largo de su vida. Durante años se había preparado para un buen empleo y ser de las mejores. De ascendencia china, se decantó por la belleza de España para empezar una nueva etapa. Ahora, a pesar de estar muy bien preparada, era rechazada porque su español no era cien por cien correcto.
Desanimada esperaba el autobús y por teléfono le hizo saber a su pareja las fatalidades del día y los motivos de no haber conseguido el trabajo. Estaba desanimada.
La chica echó un vistazo a su derecha, donde vio a un joven, llamó su atención el bastón y las gafas oscuras que cubrían sus ojos.
—Aquí como me ves, soy de los mejores informáticos que podrás encontrar jamás. He desarrollado programas para personas con discapacidad visual, pero, siempre me niegan los puestos a los que deseo acceder —refunfuñó el hombre—. Perdona, me llamo Sebas y seguro que estarás pensando. ¿Cómo puedo desarrollar programas informáticos? —Sin esperar respuesta dijo—. Poseo un treinta por ciento de visión, pero créeme, soy muy hábil. Mis otros sentidos están mucho más desarrollados.
—¡Te creo! —Respondió la joven—. Me llamo Zuwei, pero todos me llaman Zu.
Un débil temblor interrumpió las presentaciones. El suelo había temblado e incluso las paredes vibraron brevemente. Al instante otra fuerte sacudida vapuleó los alrededores. La pareja cayó al suelo e intentaron ponerse en pie, sin éxito. Debían ponerse a salvo. Pero en ese instante la tierra se abrió bajo ellos y se los tragó.
Cuando la pareja recobró el sentido no sabían dónde estaban ni qué había sucedido. La carretera había desaparecido, los vehículos también. Todo cuanto le rodeaba —además de una decena de aldeanos— era tierra y a pocos metros un impresionante castillo.
Zu y Sebas no entendían qué ocurría, asombrados, empezaban a pensar que habían sido trasportados a otra época. Desconcertados se dejaron guiar por el gentío hasta el interior del castillo. Sorteadas sus murallas contemplaron la vegetación que reinaba en los alrededores. El lugar contaba con preciosos jardines, que Zu ansió inspeccionar, pero no lo hizo. En ningún momento se apartó de Sebas, ni del camino de entrada, que recorrieron hasta allanar el interior y ser llevados a una de las estancias, donde se les esperaba.
—Por fin habéis llegado —exclamó un hombre—. os esperábamos.
Enrique, que así se llamaba el señor de aquellas tierras, les resolvió todas sus dudas. Una antigua profecía, aseguraba que dos personas serían trasportadas cuando el mal dominara aquellos terrenos. La familia de Enrique guardó en secreto tal predicción, hasta que un extraño ser lo visitó semanas atrás y exigió hacerse con el castillo. Enrique se negó y una maldición cayó sobre ellos. Todas las noches, unos seres que nadie veía, causaban todo tipo de males.
—Sois nuestra única esperanza —añadió el hombre a la pareja, a quienes todo les parecía irreal, pero aceptaron ayudar—. Acompañadme —prosiguió Enrique. De nuevo volvieron a los jardines, los cruzaron, hasta llegar a unas pequeñas escaleras y finalmente a una de las torres—. Según la leyenda, el visionario podrá detectar a nuestros enemigos –les explicó- ya que es un gran conocedor de la oscuridad y la oradora deberá reunirse con el brujo para conversar y convencerle para que retire el mal de nuestras tierras.
Sin salir de su asombro pero sin poner objeción alguna, mientras Sebas vigilaba, Zu abandonó el castillo acompañada por tres guardias que la protegían de cualquier mal. Avanzaron por un sendero hasta visualizar una gran carpa. Y en ese instante, el brujo salió de su escondite y se encaró con Zu.

Los últimos rayos del atardecer bendecían el torreón donde Sebas esperaba. En realidad no entendía muy bien su papel, aunque no dejaba de pensar en las palabras recitadas por Enrique: “Es un gran conocedor de la oscuridad”. Muy a su pesar ésta formaba parte de su vida y entonces lo comprendió todo. Allí donde nadie veía nada, él si contemplaba a los seres invisibles que atacaban el castillo.
—¡A la derecha! —Gritó Sebas—. Se acerca uno.
Un par de flechas fueron lanzadas en la dirección indicada por Sebas y aunque nadie veía a los enemigos, todos escucharon su pequeño lamento.

Cuando Zu se encontró con el brujo no sabía qué hacer, ni qué decir. Entonces comenzaron a ocurrir hechos extraños a su alrededor. Una fuerza invisible golpeó a sus acompañantes. Uno de ellos cayó al suelo, mientras que otro quedó suspendido en el aire, como si una cuerda invisible lo tuviera sujeto del pie.
—¡Basta! —gritó—. No puedes seguir comportándote de esta manera. Estas tierras pertenecen a un hombre que cuida a sus vecinos, les da trabajo y soluciona sus problemas.
—¿Por qué crees que yo no haré lo mismo si me hago con el castillo?
—Porque llevas tiempo dañando a estas personas y los has asustado con tus seres invisibles. Si en verdad te importarán lo más mínimo no habrías actuado como hasta ahora. Te habrías preocupado por ellos. Sólo eres un egoísta que ansía el poder.
El discurso de Zu fue interrumpido por gritos de euforia. La joven miró al castillo y contempló a los guardias: ¡celebraban la victoria!
Además Salva descendía por el camino, acompañado de hombres que obedecían sus órdenes y atacaban a los engendros.
—Todo se ha acabado. ¡Te hemos derrotado! —expresó la chica.
—Mientras se desvanecía el ser maligno exclamó. “Espero que todos los días de tu vida muestres la misma valentía que hoy”
Al instante un fuerte temblor sacudió aquellos terrenos. la tierra se abrió bajo ellos y se los tragó de nuevo. Cuando volvieron en si, estaban en la parada de autobús y eran ayudados por otros transeúntes.

Hasta aquí la historia ¿Qué pensáis que será de Sebas y Zu? Os aseguro que han cambiado y que desde hoy nada ni nadie les impedirán conseguir todo aquello que anhelan.
Esta tarde, doy por terminadas mis acciones. Pero éstas no acaban aquí. Mi viaje es infinito y mi magia se verterá sobre aquellos que no pierden la energía en su lucha diaria. Perseguid vuestros sueños, mi magia os ayudará a conseguirlos.

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