Fragmentos II. En esta ocasión de novelas

Si hace unos días mostraba fragmentos de los relatos en los que he trabajado últimamente, ahora es el turno de mostrar textos de novelas. Voy a empezar por aquellas que está confirmada su publicación. Es decir: Maldición III e Historias de Eilidh III.

 

Fragmento: Maldición III. En las garras del pasado © Lucía González Lavado

Tyrel conducía moderadamente; las lluvias habían dejado el camino muy resbaladizo y lo último que deseba era perder el control. Sin embargo, hoy sus precauciones no serían suficientes. Hubo una pequeña explosión en la rueda delantera que provocó un pinchazo e hizo que zigzagueara de un lado para otro sin control.
Ty intentó frenar sin éxito y acabó estrechándose contra un árbol. El impacto fue tremendo; escuchó el crujir de varios huesos y acabó en el suelo. El barrizal en el que se había convertido el bosque no detuvo su caída; rodó varios metros golpeándose con todo cuanto se encontró en su camino.

Historias de Eilidh III. Los cristales de Yzaira ©Lucía González Lavado

Oscuridad y más oscuridad era la única compañía de Marcus y Liang. Los muchachos, subidos en Tiger, se lanzaron a una misión suicida. Cruzar las puertas secretas con tal de llegar a Orpheus, lugar donde estaba Corín y hogar de sus enemigos.
Ambos sabían cuan peligroso era cruzar las puertas, ya habían vivido esa experiencia con anterioridad, podían perderse en un sin fin de dimensiones.
Mas no le importaba. Querían llegar hasta Corín y sabían que lo lograrían.
—¡No estamos solos! —exclamó Liang mirando alrededor. Incluso en la negrura que los envolvía se apreciaba movimiento—. Algo que vuela no está rondando.
—Lo sé —afirmó Marcus—. Tú no te preocupes por eso. Sólo céntrate, cierra los ojos y encuentra la puerta que nos sacará de aquí.
—¿No puedes pedir ayuda? —musitó Liang, nervioso—. ¿Por qué no te comunicas con el ser que nos ronda?
—Porque no está vivo. Estamos rodeados de muerte…

Y ahora os dejo fragmentos de novelas que no han sido publicadas, pero que haré cuanto esté en mi mano por lograrlos y ellas son: Ángeles caídos y Crónicas de sombras.

 

Ángeles Caídos © Lucía González Lavado

June asintió y dio unos pasos hacia delante escapando del examen de Eade. No quería ser una carga para el grupo, aunque se preguntó por cuanto tiempo lo evitaría. Entonces, su preocupación quedó olvidada al escuchar un pequeño gemido de Yue. Al mirar al suelo encontró al animal encogido, con la cola entre las patas y temblando.
—¡Eh, pequeño!¿Qué te ocurre? —preguntó, lo tomó en brazos y miró a Eade. La dríade tenía hincada la rodilla, la cabeza gacha y se mostraba inmóvil—. Eade, ¿qué haces? ¿Te ocurre algo?
La criatura no respondió.
Debido al silencio los hermanos repararon en el actuar de las chicas. Ambos se sorprendieron por los hechos de la dríade y cuando se dirigieron a ella, algo rozó el hombro de Skandar provocándole una quemadura. Mientras el muchacho maldecía, Noah buscó la causa de la llaga encontrando en el suelo una pluma blanca. No sólo él la vio, sino June y también Skandar. El terror se hizo con ellos.
—¡Corred! —gritó Noah.
Pero no pudieron hacerlo; un desconocido cayó frente a ellos cegándolos por la magnitud de sus alas: los caídos pisaban de nuevo la Tierra y los habían encontrado.

Crónicas de sombras I © Lucía González Lavado

Aun así aguardó unos segundos para cerciorarse. Si sus malos presagios se confirmaban debía dar unas razones a Thomas por su actuación. Tal como pensó, no estaba sola. Junto a un contenedor brotaba una pequeña sombra; se agitaba como si fuera una llama de un fuego que estuviera a punto de prender.
Dilan sonrió.
Era suya. Llevó su mano a su espalda para alcanzar su mochila…, se la había quedado en el bar.
«¡Maldición! Estoy perdida» pensó.
Fue como si el ente leyera sus pensamientos. Creció alcanzando gran altura; ni siquiera obtuvo forma. Era una masa oscura que avanzaba hacia ella; Dilan retrocedió, quiso correr, pero esa cosa era mucho más rápida. Pronto sentiría su frío calarle los huesos y sería trasportada a un lugar horrible.
Sin embargo, tal sensación no la dominó. Fue empujada con fuerza contra la pared.
—¿Estás bien? Ese tío casi te arroya —masculló Nick enfadado.
La chica tardó unos segundo en salir del aturdimiento. ¿Dónde estaba la sombra? ¿Qué había sido de ella? En su lugar sólo quedaba un tipo que conducía una bicicleta como un loco, al que no tardó en perder entre la multitud.
—Dilan, ¿estás bien? Siento si he sido algo brusco pero se te echaba encima.
Durante unos segundos vaciló en responder. ¿Había visto Nick lo sucedido? Si era así estaba muy tranquilo; uno de sus brazos la rodeaba por la cintura y mostraba una calma que la abrumaba.
—Sí, sí —tartamudeó—. A veces mis pensamientos me alejan de la realidad.

Esto es todo por el momento.

Estoy en Twitter.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s